Inicio Autores Viralidad reflexiva: del miedo a la acción colectiva

Viralidad reflexiva: del miedo a la acción colectiva

41
0

Por Diego Leandro Marín Ossa

Docente e investigador de medios y educación

Universidad Tecnológica de Pereira

Doctorando en Ciencias de la Comunicación y Periodismo

Universidad Autónoma de Barcelona

Miembro de GAPMIL-UNESCO

Esta es una mirada crítica al manejo de la información que como el Covid-19 y el pánico se parecen en una cosa, se propagan con gran rapidez.

Hace unas semanas los medios de comunicación que cuentan con mayor poder de penetración en Colombia llenaron de contenidos catastróficos sus informativos, redes sociales y páginas web. Así como por todo el mundo se expandía de manera exponencial el coronavirus, de igual manera crecía el pánico apocalíptico entre la población gracias al afán de los periodistas y de sus jefes por el rating. Con los días llegó un período de moderación en el que todos ellos llamaron a la compostura y comenzaron a dar noticias oficiales que provenían de la OMS, así como del gobierno nacional y local con recomendaciones dirigidas a la gente para contener el avance de la pandemia. Se repitió una y otra vez la matriz discursiva victimario (virus), víctimas (sociedad, familia, individuos), benefactor (instituciones del Estado y medios de comunicación).

¿Pero porqué ocurrió esto en un momento donde se necesitaba tanta moderación?, el pánico viral pudo tomarse como una oportunidad que vieron las empresas mediáticas para obtener protagonismo en medio de la crisis del modelo económico que experimentan hace años, que además es parte del trance que viven los medios en la manera de informar y de hacer contenidos, en los modos de relacionarse con las audiencias, e incluso en los perfiles de periodistas y sus modos de contratación lo cual está en fase de experimentación en este momento, pero eso no justifica que ellos saquen beneficio de la situación de esa manera. Aún así tienen el tiempo de reaccionar pues de ello depende que los informativos nos sean o no de utilidad para lo que viene de aquí en adelante.

Se me ocurren otras tres hipótesis por resolver con el tiempo y que serían razones de mayor peso para reflexionar el manejo de la información en época de coronavirus:

  • La primera es que el impacto sanitario, social y económico de la pandemia sería más difícil de superar en Occidente que en Oriente en caso de que se nos saliera de las manos y de manera especial en los llamados países del Tercer Mundo. La epidemia tendría efectos colaterales más dramáticos y nos tomaría más tiempo superarlo que a los países desarrollados, por lo que los medios ven una oportunidad para vender miedo y luego brindar el antídoto informativo en correspondencia con el poder establecido (grupos económicos, banqueros que son los dueños de los medios, empresarios y terratenientes).
  • La segunda es que gobiernos como los de Latinoamérica que enfrentan desde hace meses la crisis institucional y social desatada en las calles y en diferentes lugares del mundo, tomarían la pandemia como una excusa para alimentar entre la población el relato del enemigo externo y del enemigo interno cualquiera que fuera su nombre o su rostro (y esto pasa ahora en muchos países). Lo que aumentaría entre la población la necesidad de un ente protector representado en la institucionalidad sin importar en manos de quienes estuviera el gobierno, y en ese sentido los medios juegan un papel clave en la elaboración y amplificación de dichos relatos, pues construyen la realidad y hacen de la mentira una verdad.
  • Y la tercera es que el planeta afectado por las actividades de explotación de la raza humana estaría en un proceso de homeostasis o de búsqueda del equilibrio biológico, para lo cual debe expulsar una parte de la información que le sobra (aquello que le hace daño, es decir nosotros), para estabilizar un poco los ecosistemas más agredidos por el consumo de la población mundial a gran escala. De ser así en Colombia viviríamos una serie de consecuencias de gran impacto social, económico y ambiental por el desequilibrio que hemos creado, y los medios que sirven al poder viralizador de los mensajes para lo cual generan zozobra, luego entran a brindar estabilidad estructural con mensajes de positivismo y esperanza.

En ese sentido empresas mediáticas y periodistas se deberían dedicar a indagar y a plantear una información cada vez más depurada que permitiera generar ideas para actuar de manera práctica en la vida cotidiana, que sea útil para contener el virus y que sirva para cambiar hábitos en lugar de alimentar el pánico.

Lo cierto es que con lo que ocurre ahora dentro y fuera de las pantallas en relación con la pandemia, aparece en la coyuntura de la guerra económica y tecnológica entre Estados Unidos y China, por lo que se espera una reinvención del mundo de las telecomunicaciones, lo cual implica que tomemos las recomendaciones de los organismos estatales y le demos importancia a las posibilidades de contaminación del virus.

En cuanto a las hipótesis conspirativas y a las profecías milenaristas hay que decir que no es la primera vez que estas surgen en la historia del miedo.

Esto se puede explicar por que cuando nos sentimos amenazados existe en nosotros la necesidad de explicaciones y la angustia creciente por la falta de respuestas soportadas en evidencias contundentes, que nos llevan a buscar o a crear soluciones a partir de prejuicios o de especulaciones, es un fenómeno psicológico que nos conduce a visualizar una posible explicación, darle identidad al mal y ubicarlo en algún lugar de fácil reconocimiento.

Razón por la cual no es recomendable compartir mensajes en cadena o por redes sociales si su contenido no está confirmado, ya que la continua desinformación puede aumentar la incertidumbre. Por ahora estas hipótesis como las anteriores también se deben someter al análisis sin descartar que más adelante sean ciertas, aunque en algunos casos serán difíciles de demostrar.

Además de esto la virulencia del Covid-19 o coronavirus coincidió con la «viralidad irreflexiva» de la sociedad en las redes y en los medios masivos en una época que, entre otras cosas, se caracteriza por el confort que ostentan los individuos al cliquear cualquier cosa sin pensar en la responsabilidad de los actos comunicativos que ejecutan, ni en el control de las consecuencias que generan tras propiciar reacciones en cadena como la caída sucesivas de las fichas de un dominó puesto en línea.

Por otro lado, en las redes sociales comenzamos a ver hace poco soluciones prácticas e inmediatas planteadas por algunos médicos de diferentes especializaciones que ofrecen asesoría gratuita por internet para guiar a la gente; por parte de profesores que ofertan contenidos en línea de manera abierta y libre; y de artistas que ofrecen conciertos y cuentos elaborados en línea para entretener a quienes están en cuarentena, que sumadas a otras acciones individuales estructuran una inteligencia colectiva que nos sirve para enfrentar la guerra contra los virus que nos atacan y que provienen de dos fuentes: La biológica y la cultural.

Uno de ellos, el Covid-19 de naturaleza biológica, nos quiere matar al hospedarse en nuestro organismo hasta producirnos la muerte, y otro, el pánico de naturaleza simbólica, propiciaría nuestra autoeliminación si permitimos que nuestros prejuicios y temores infundados o generados con poca información desencadenen vías materiales de hecho, como por ejemplo el desabastecer de alimentos a otras personas que son parte de la población y que lo necesitan al igual que todos nosotros.

De ahí que como un factor indispensable en el autocuidado y en la salud mental, es preciso seleccionar con criterio la información que nos llega, verificarla antes de comentarla o de compartirla, y denunciar cadenas falsas o que buscan el protagonismo de personas que utilizan estas circunstancias para generar pánico.

Es crucial que nos informemos de la manera más completa y sencilla para que le expliquemos a los niños, jóvenes y adultos en qué consiste la situación que vivimos. Esta es una oportunidad de diálogo.

Lo que no debería hacernos olvidar los problemas por los que atravesamos hace tiempo, en especial cuando los gobiernos nos piden que estemos en la casa, pero hay personas que habitan la calle, vendedores ambulantes que viven al día en el rebusque de su sustento, y millones de trabajadores sin vínculos laborales quienes exponen su salud y la de sus familias, todos los días al ir a sus trabajos para no perder su empleo. O cuando los gobiernos nos piden que nos lavemos las manos en un país lleno de ríos, quebradas y riachuelos, pero sin acceso al agua potable por parte de la población de municipios y barrios enteros, olvidados por el Estado.

Y esto sin mencionar la deficiente infraestructura de salud, que mata decenas de personas en las puertas de las urgencias médicas debido a la negligencia estatal y a la corrupción.

Esta época sin duda alguna hará visibles de una manera más clara las cosas que tenemos que cambiar en nuestras vidas y en la sociedad. Por ahora avancemos de forma responsable y solidaria al «hacer viral la acción colectiva desde la reflexividad a través de los medios» de los que disponemos y a los que tenemos acceso.

Y como ya lo dije evitemos servir de amplificadores del pánico, verifiquemos, seleccionemos y compartamos información útil para la salud de todos.

Nota: Para esta reflexión me basé en las teorías de las masas, la agenda mediática, los estudios de audiencias, las teorías de las mediaciones en comunicación y las teorías de la recepción. Evité las citas y referencias bibliográficas para hacerlo legible en este medio pero si desean me pueden escribir para ampliar algún tema o para compartirles bibliografía. 

Deja un comentario:

Por favor ingresa tu comentario
Por favor ingresa aquí tu nombre